Joaquín Motor es tatuador. A los seis años viajaba en subte con su padre y vió a un hombre que en el antebrazo llevaba un tatuaje. Ese hecho quedó grabado en su memoria al punto tal de convertirse en el punto de partida de su interés en las marcas en la piel. Con referencias en el graffiti y en los tatuajes criminales rusos, desde hace dos años decidió comenzar a estudiar las marcas permanentes en la piel y su relación con la memoria y la simbología. Actualmente viaja por el mundo tatuando y buscando nuevas fuentes de información para nutrir la investigación.